Qué diferente nos han contado la historia. Con esta
canción los jóvenes de Managua representaron lo que significa la Resistencia
Indígena, Negra y Popular, actualizando al mismo tiempo con lo que sigue
sucediendo en todo el continente. En este caso, representado en el símbolo que
es realidad de lo que está pasando en Rancho Grande donde este año se realizó,
entre el 11 y 12 de octubre, el IV Festival Juvenil Ecológico de las
Comunidades Eclesiales de Base.
Después de más de siete horas de viaje de ida, y otras
tantas de vuelta. Montaña adentro del departamento de Matagalpa, donde se
termina el asfalto, llegamos a Rancho Grande una representación de casi 200
jóvenes de las diferentes regiones, en las que están repartidas las CEB en
Nicaragua. Conforme nos iban quedando pocos kilómetros para llegar al núcleo
demográfico de Rancho Grande, podíamos ver como en la mayoría de las casas
estaba pintado un claro mensaje: “No a la minería en Rancho Grande”.
¿Pero qué le pasa a este pueblo? ¿Por qué no quieren la
minería? La conocida crisis económica en EE.UU. y Europa ha hecho que los
inversionistas por miedo de guardar sus ganancias en monedas empezaron a
invertir en oro. Esto ha supuesto que la onza de oro se haya más que duplicado su
valor. Lo cual ha provocado lo que se ha denominado la “segunda fiebre del
oro”. A partir de esta situación las empresas mineras del oro se han expandido
por todo el mundo para conseguir este mineral a cualquier costo, sin importar
el daño que causan, instalándose en países que no son los suyos. Así es como
empresas transnacionales tratan de hacerse con los recursos a cualquier precio,
comprando intereses y ofreciendo las migajas de su explotación con el bonito
rostro de promesas inciertas. Mientras se presentan como bandera del progreso
usando los argumentos de generar más empleos y aportar para el bienestar.
Esto es mentira, y cuando se da, es ridícula la inversión
en el bienestar de la comunidad, si se comparan con todos los beneficios que se
van a obtener de la explotación minera. En Nicaragua la minería no llega a los
20,000 empleos, siendo de mala calidad y mal pagados; de los cuales tan solo
4,000 están afiliados a la Seguridad Social. Relegando al mismo tiempo la
minería artesanal. Las empresas mineras llegan a llevarse el oro sin importar
lo que pase después. Cuando se acaba el oro se abandonan las minas y los pocos
empleos que generan se terminan. Quedando los suelos destruidos, el agua
contaminada y la gente enferma en consecuencia, no pudiendo retomar tampoco su
producción agraria y ganadera que desde siempre, dentro de su pobreza, les ha
permitido vivir. Por lo que el oro sinónimo de riqueza lo que genera es más pobreza todavía.
La minería divide y engaña a las comunidades bajo
promesas que no se cumplen. Tratando de convencer, e incluso comprar, a los
gobiernos municipales y líderes comunitarios para que acepten el proyecto; para
que así estos se encarguen de convencer a sus paisanos. Pavimentación de las
calles, granos para la siembra, piñatas, televisiones, pintura para las
iglesias… Atrayendo así a todos los sectores de la población con pequeños
regalos y enfrentándolos con aquellos que se oponen a la minería. Si ya se ha
dado la concesión, la minera aprovechará para extraer todo el oro en el menor
tiempo posible, explotando raudos y veloces para no dar tiempo a que haya una
reacción mayor en contra, y después marcharse. Y se dicen “socialmente
responsables”… presionando así a unos y a otros para vender sus tierras o
simplemente dar su brazo a torcer.
La minería no ayuda a las comunidades, ¿y al medio
ambiente? Ni mucho menos porque lo destruye, más si se trata de la minería a
cielo abierto, ya que es irreversible. La desforestación indiscriminada, la destrucción
total del suelo y la deformación del paisaje hacen que se destruyan montañas
enteras. Estas y la contaminación de las aguas, son algunas de sus principales
consecuencias. Las aguas quedan contaminadas por el cianuro que se utiliza para
el procesamiento del oro, necesitando de grandes pilas que la retienen, pero
que acaban contaminando pozos y ríos que usa cotidianamente la comunidad para
poder vivir. Es más, el agua que necesita en un día una gran explotación
minera, la consume en veinte años una familia campesina.
Esto es lo que está a
punto de suceder en Rancho Grande si nadie lo remedia, la minera canadiense
B2Gold ya ha mostrado su interés y está poniendo su empeño para conseguir esta
explotación. Se ve que en el Cerro Pavón de Rancho Grande hay mucho oro. La
Alcaldía, como otras instancias políticas del país se han puesto ya de su lado;
mientras que todo el pueblo de Rancho Grande se opone porque son conocedores de
las dramáticas consecuencias que supondría. Resistiendo a la presión de unos y
otros para ceder a estos intereses. El “pequeño David” contra “los Goliat” de
este mundo.