lunes, 16 de febrero de 2015

Educación


“Este es mi pasaporte para salir de la calle, me voy a comer esa radio”. Palabras de una de las mujeres mientras hacíamos su solicitud para una de las becas técnicas en la carrera técnica de computación. Con su mirada clavada en mis ojos me contaba llena de ilusión las ganas que tenía de formarse para trabajar en una radio de mujeres de su localidad fuera de Managua.


Y es que hablar de inicio de año es hablar de inicio de curso en Nicaragua, comienzan en febrero la primaria y secundaria de las escuelas públicas, así como muchos cursos de capacitación técnica. Y así en Samaritanas el trabajo se multiplica recepcionando las muchas solicitudes de las mujeres que quieren aprovechar becas escolares para sus hijos/as, consistiendo en un apoyo en los útiles y uniforme escolar; o bien, en la posibilidad de estudiar una carrera técnica ellas mismas o sus hijos/as adolescentes o jóvenes.


Hay veces que la pobreza en la que viven las mujeres les lleva en ocasiones a no saber la talla de ropa que utilizan sus hijos/as o ponían tallas diferentes a la de los uniformes escolares. ¿Cómo es posible? Nos preguntábamos, pero algo muy normal cuando nunca han comprado ninguna prenda en una tienda, prestando ropa y comprando por comparación al montón en las famosas pacas, donde se vende la ropa defectuosa o de segunda mano que no quieren en los EE.UU.

Posiblemente este apoyo ha hecho también que las mujeres en situación de prostitución, que tienen hijos y solicitaron la beca escolar, no hayan tenido que salir a la calle durante varias noches pensando en cómo conseguir el dinero para el material escolar de sus hijos/as. Y qué alegría al comenzar nuestros talleres cómo muchos de los niños/as y adolescentes se mostraban alegres porque ya iban a comenzar la escuela o también poder aprovechar una carrera técnica en computación, belleza o repostería. De igual modo las adolescentes de Casa Hogar lo manifestaban en el taller que realizamos en relación a la educación como un derecho y una oportunidad, antes de entregarles sus materiales escolares y técnicos.


Posiblemente este año ha sido uno de los que más becas se estén facilitando y acompañando desde Samaritanas. Más de 140 becas escolares y más de 30 técnicas. En gran parte financiadas por Entreculturas y Profesionales Cristianos de España. Aunque por otro lado no deja de ser un quebradero de cabeza del que ya estamos saliendo para ajustar, y hasta a veces multiplicar el material para llegar a cuántas más familias mejor. Es sin duda una gran alegría que las mujeres, y especialmente sus hijos/as, pueden contar con este fundamental apoyo. Y es que hablar de becas es hablar de oportunidades, en definitiva, al mismo tiempo es apostar y comprometerse por la educación, es hacerlo por una vida digna para todos y todas. Como decía una campaña que apoyó hace unos años Samaritanas: “Con salud y educación sí tengo chance”.


“Lo único que puedo dar a mis hijos es la educación. Les podrá faltar de todo pero espero que siempre pueda tener para la educación de mis hijos. Solo quiero que salgan adelante, es todo lo que puedo esperar”. Estas son las palabras que me decía, en la primera entrevista, una de las mujeres que estaba llegando a Samaritanas hace un par de semanas.

Así llegó de la mano de su hija de 10 años, a quien conocí caminando por las calles del barrio del Proyecto. Preguntándome ella si podía venir a los talleres, ya que había escuchado a otras chavalas de su barrio hablar de los mismos. Invitándole a llegar antes con su mamá para poder conocernos. Cuando llegaron comenzamos a hablar, invitando a su hija a dibujar y pintar en otra sala, ella me empezó a contar como era su familia, como hacía para salir adelante y cómo se sentía.  Me dijo que ella no era una soltera ni separada, sino una mujer “sola”; al no contar con el apoyo del padre de sus cuatro hijos, entre los 3 y 12 años de edad. Como muchas mujeres nicaragüenses. Saliendo adelante, por decirlo así, con lo poco que gana lavando y planchando, sin haber llegado a terminar la primaria.

En el desarrollo de esa primera entrevista, escuchándola, me decía que nunca había compartido con nadie mucho de lo que estaba contando, de sus preocupaciones, de sus problemas. Ni siquiera con su madre o hermanas. “Si quiere, siéntase libre de poder hacerlo en este momento…” Recalcando su soledad nuevamente de una u otra forma. Desahogándose entre lágrimas como se sentía. Fue entonces cuando su hija salió con diferentes hojas de la sala contigua, interrumpiéndonos nos mostró lo que había pintado, entregándole uno de sus dibujos a su madre en el que decía: “Te quiero mamá”. Mirando a su hija, entre lágrimas, le sonrió… “Parece que no está sola… Amiguita, sabes que tu mamá tiene cuatro tesoros”… Respondiendo la pequeña: “Somos sus cuatro hijos”. Dándose entonces las dos un fuerte abrazo y un beso. Algo nuevo está naciendo, de verdad, ¿no lo notáis? (Is. 43, 18-19).

lunes, 9 de febrero de 2015

Dejarse llevar


Todavía recuerdo cuando llegué muy bien acompañado a Nicaragua por mi amigo Enrique. Lo hacíamos por carretera después de haber estado por unos días conociendo algunos lugares de El Salvador. Especialmente aquellos por los que más anduvo Mons. Romero, profeta y mártir de toda América Latina, próximamente beatificado por Francisco. Qué gran testimonio para este caminar de estos dos años, alimentados con la vida compartida especialmente en las CEB`s y su (nuestro) Proyecto Samaritanas, con las mujeres, niños/as y adolescentes.


Después de dos años, recién cumplidos, qué difícil se hace pensar en marcharse después de tanto vivido. Puesto que ya el 11 de marzo regresaré camino a España. Y aunque ganas no me faltan por la alegría al mismo tiempo de poder reencontrarme con mi familia, amigos/as y así con otras personas que me seguiré encontrando por el camino; así como compartir lo vivido y recibido, desde lo cotidiano. Me cuesta pensar que tengo que despedirme de tantas personas, especialmente de las más cercanas, tener que separarme. No lo haría, pero no puede ser de otra manera. Siento que mi tiempo en Nicaragua se va terminando, y por eso siento que se me parte el corazón en sentimientos encontrados. Como me decía Arnaldo, sin duda, es un tiempo trabajoso en este sentido. Pero no por ello quiero dejar de disfrutar un solo momento, compartiendo y dando gracias por tanto recibido, que es mucho. Quiero seguir dejándome llevar...

Cuando llevaba varios meses de haber llegado, con la visita de Mari Cruz, sentía que me estaba costando adaptarme a esta realidad. Su consejo fue el de dejarme llevar, que la vida fluya. Actitud absolutamente necesaria para vivir más ligero, más libre. En definitiva siento que se trata de una cuestión de confianza y desprendimiento al mismo tiempo, sintiéndose uno feliz con lo que tiene y cada día le regala. Así he tratado de vivirlo y conseguido en muchos momentos, algo no fácil en otros tantos, sobre todo por mi tendencia al perfeccionismo y a querer controlar lo que llevo entre manos. Siento que es una aprendizaje muy importante para esta experiencia VOLPA, que más que experiencia es vida compartida. Actitud para toda la vida, y qué bueno que sea así también, para poder seguir creciendo... No a lo alto, sino por dentro, en todo aquello que nos ensancha un poquito más el corazón. Y como Bene compartiría seguro...


Otra amiga me decía hace tiempo, antes de marcharse también, que estos momentos son como cuando se va apagar una vela encendida. Al ver como se consume podemos tomar la actitud y no dejar de pensar que se va acabar esa luz. O por el contrario disfrutar mientras tanto de su luz y calor mientras dure. Sabiendo al mismo tiempo que esa luz no se apaga en este tiempo sino que siempre irá conmigo, para no sólo quedar en mí. "Un fuego que enciende otros fuegos". Todo este tiempo ha sido más que intenso en el que hemos ilusionado, reído, llorado, enamorado, enojado, apasionado... En definitiva, como decía antes, hemos vivido. Y hablo en plural porque la vida solo puede ser compartida, es así cuando cobra un sentido mayor aún, es Palabra viva. Y como diría el lema de una compañía telefónica: "La vida, compartida es más". Son ya muchas las muestras de cariño y agradecimiento las que siento, que en las maletas no cabrán, solo en el corazón. "... Y el corazón lleno de nombres" y es que "vivir es ir poniendo el corazón, es ir poniendo un pie detrás del otro", como diría Pedro Casaldálida.


Hace meses alguien muy cercano me decía que no perdiera nunca el norte, más bien conforme ha ido pasando el tiempo siento que lo que no hay que perder es no solo el norte, sino más bien el sur. Ese Sur que está extendido por más de tres cuartas partes de nuestro mundo explotado, pero que también está presente en todo lugar. También en las periferias de todas las ciudades de lo que llaman "primer mundo", es ese "cuarto mundo". ¿Pero cuántos mundos hay? No perder ese Sur es la opción por lo que reconoce nuestra dignidad de todos/as sin excepciones. Es siempre el compromiso por quienes menos oportunidades han tenido y siguen sin tener... por la fragilidad, lo pequeño, lo débil de nuestro mundo... lo que nos hace más humanos/as. Lo que hace que creer, comprometerse y vivir por ese otro mundo sea posible, que la realización del Reino se abra paso desde lo insignificante para muchos. 

Y hablando de dejarse llevar... aquí comparto con vos este poema de Miguel Ángel Mesa que compartió conmigo también una persona especialmente, creo que se refleja muy bien lo que puede llegar a significar y seguramente lo exprese mejor que mis palabras ; )

Cada Momento que vives es una llamada
a experimentarlo y hacerlo en carne propia
a metabolizarlo, a recibir su enseñanza, su tarjeta de visita.
A veces aparece un rostro triste, doloroso, pertinaz
y cuesta comprender el mensaje,
hay que leerlo diseccionándolo.
A veces llega radiante con la sonrisa franca y los brazos abiertos.
Entonces hay que gozar a tope sin miramientos.
Y, a veces, viene sereno, suave, tenue, delicado como una brisa.
Como la dulce costumbre de cada día.
Entonces hay que dejarse invadir, contemplarlo, callar, 
dejarse llevar manejando, no obstante, tu mismo timón.
Son todos y cada uno de los momentos de la vida 
los que te invitan a gozar a ser sencilla, profundamente,
un hombre, una mujer.

lunes, 26 de enero de 2015

Corn Island


¡Y continua nuestra aventura caribeña! De Bluefields teníamos pensado dar el salto a Corn Islands (Las islas Maíz) en medio del Caribe. Para lo cual nos aventuramos en el barco Capitán D sin saber lo que nos esperaba. Y es que cuando entramos al barco, ya comprados los billetes incluyendo la reserva de un supuesto camarote, nos dimos cuenta de la realidad de aquel barco. Se trataba de un barco de carga en el que aprovechan para llevar pasajeros, y parece que cuantos más mejor, sin contar con las condiciones para ello. Prácticamente no había lugar para todos los pasajeros allí, estimando que seríamos unos dos cientos, la gente se amontonaba en algunos bancos y camas a modo de cajones, especialmente en cubierta. Al quejarnos constatando las condiciones del viaje, nos ofrecieron ir en la cabina conjuntamente con el capitán sin dejar de escuchar reggae. Allí pasamos las ocho horas que finalmente duró esta experiencia única, porque nunca más se nos ocurrirá montar en ese barco, más con las grandes olas que lo azotaban de un lado para otro.


Al llegar ya noche a Corn Island, había un taxi esperándonos para llevarnos al alojamiento que nos había contactado nuestro amigo Donald en Bluefields. Sorprendiéndonos en su casa Maris Danet con una sopa de pollo que entró de maravilla después de semejante vaivén del barco. Riéndose porque todo el mundo en la isla conoce el viaje en el Capitán D, diciéndonos que nos dejábamos de ser unos aventureros y que nos regresáramos en avión, siendo mucho más recomendable, cosa que así hicimos. Pero hasta entonces pudimos disfrutar de las dos islas que conforman Corn Islands, especialmente de la isla más grande. Puesto que la isla pequeña, que dicen que es la más bonita y al mismo tiempo más cara, había sido azotada por un temporal hacía semanas atrás dejando casi sin playas a la misma.


Por lo que sobre todo disfrutamos de las playas por las mañanas y paseos vespertinos en el atardecer. Corn Island grande tiene unos 11km de litoral aproximadamente. Aquí están, como siempre, algunas de las evidencias…





De esas que parecen sacadas de algunos anuncios, bien de tour-operadoras turísticas o planes de jubilación. Pero allí estábamos nosotros, ni turistas ni jubilados, voluntarios regateando precios y disfrutando de toda la belleza y tranquilidad en la que nos encontrábamos.


Y en esos paseos, baños y tomando el sol… nos encontramos con Sadis y Sebastián, ella nicaragüense y él español, que viven desde hace más 30 años en Alemania. Pudiendo compartir con ellos como se conocieron en la Nicaragua de la recién triunfada revolución y como fue su migración a Alemania, como la de otros muchos españoles como Sebastián. Y cuál ha sido y sigue siendo su compromiso y trabajo en el defensa de los derechos de los trabajadores migrantes, especialmente en sus inicios cuando había una mayor desconsideración.


A lo cual contribuyó enormemente la acogida de Maris en su casa, quien renta algunas habitaciones con condiciones sencillamente confortables. Aunque en toda la isla es reconocida por su buena mano en la cocina, cada noche se llenaba la terraza. Y lo más curioso no había ni menú ni carta, su frase más repetida era: “No me pregunte que tengo, dígame lo que usted quiere y yo se lo preparo”. Y así era, contando con la variedad que había dentro de su cocina y que ofrecía la isla, ya que no siempre se puede encontrar de todo. Pero hacía maravillas y disfrutaba viendo cómo la gente comía, me recordaba a mi tía Paquita en ese sentido, para quien la conoció. Llegando a sentarse con nosotros siempre que podía y platicar sobre la isla. Nos contó algunas cosas de su vida, como pudo ahorrar y ganar algo de dinero para poder mejorar su casa y vivir en unas mejores condiciones. Como ella muchas mujeres costeñas migran hasta las islas Caimán para trabajar en hoteles o empleadas domésticas. Así pues la mayoría de los varones se embarcan durante todo el año en compañías de cruceros que recorren diferentes partes del mundo.


Finalmente pudimos probar, preparado por sus manos, el auténtico rondón, plato típico costeño por excelencia. Un buen plato a base de caldo de pescado, pescado, langosta, yuca, plátano hervido y pan de fruta (un fruto bien característico). Tanto como nuestro viaje.

domingo, 18 de enero de 2015

Costa Caribe

Una cosa es hacer turismo y otra bien distinta, aunque pudiera ser parecida, es la de viajar. La diferencia entre la una y la otra podría ser la apertura a lo nuevo y desconocido, entrelazado con las personas con las que uno en su viaje va conociendo, quienes son las que le van mostrando no solo nuevos lugares, sino su historia, desde su vida. Lo cual da lugar al mismo tiempo a diferentes anécdotas que siempre recordaremos quienes compartimos el viaje. Algo así ha sido nuestro viaje a la Costa Caribe de Nicaragua, algunos la llaman “la otra Nicaragua”. Porque cuando uno llega le da la impresión de encontrarse en otro país, en una cultura totalmente diferente a la del Pacífico, donde se concentra la mayoría de la población de Nicaragua y su identidad cultural que la gente puede conocer.


Es una oportunidad poder viajar a nuevos lugares, más cuando se tiene algo de dinero ahorrado para poder hacerlo y tiempo (de vacaciones); ahora ya estando de nuevo a la carga con el trabajo de cada día, que no es poco. Cabe decir, que muchos/as nicaragüenses no conocen la mayoría de los lugares y rincones de su país por falta de recursos propios para poder hacerlo. Por eso no deja de ser una suerte poder ir a conocer, y ahora compartir este viaje que duró toda una semana.


Después de salir de noche y pasarla en un autobús, llegamos para esperar al amanecer en el Rama, junto al Río Escondido, la llamada “Puerta del Caribe”, que nos conduciría por panga (lancha) hasta llegar a Bluefields, una de las principales localidades de “La Costa”, como simple y llanamente le llamamos los que vivimos en Nicaragua. Dicen que su nombre se debe a un pirata holandés, que como otros utilizaban este litoral como refugio. En Bluefields tuvimos ocasión de poder recorrer la ciudad y comprobar al mismo tiempo lo diferentes que son muchas casas, especialmente las que sobrevivieron al huracán Joan en 1988. Todas ellas con cierto estilo inglés conjugado con algún detalle caribeño, dispuestas para este clima.


Allí mismo pudimos visitar el museo de la ciudad y centro de estudios socio-culturales, dependiente de la BICU, una de las dos universidades de la Costa. Pudiendo conocer y hablar con su director Donald Byers, quien nos contó algunos de los hallazgos arqueológicos de toda la zona, habiendo indicios de muchos más. Posiblemente los restos humanos más antiguos encontrados en toda la región centroamericana. Además de la diversidad cultural y de intercambio que seguía existiendo entre las diferentes etnias y comunidades indígenas existentes.


Y de nuevo salió el canal a relucir con el que quieren partir en dos el país, no solo por la división que está trayendo al pueblo de Nicaragua. Ya que la ejecución del mismo por la parte Caribe pondría en peligro no solo algunos de los hallazgos arqueológicos, sino también el sistema de intercambio de las comunidades que quedarán a un lado y otro del mismo. Además de otros daños no solo medioambientales que afectaran directamente a la vida de sus pobladores. De ahí la primordial necesidad de restitución o compensación ambiental y cultural no aclarada por el gobierno ni la empresa china que ejecutará esta megalómana construcción. Parece que las minorías, como en otras partes del mundo, nuevamente son olvidadas y desconsideradas por el poder político hegemónico, más si va acompañado del nuevo neocapital (nunca mejor dicho tratándose globalmente de los chinos).


 Como decíamos anteriormente, en Bluefields como en cualquier otro lugar costeño, te puedes percatar que no solo es una cultura diferente, sino un crisol de muchas culturas y una variedad de pueblos indígenas. Así pues podemos encontrar a los Rama, los Miskitos, Creoles, los “españoles” (denominando a quienes llegaron de la zona del Pacífico), los garífonos, los descendientes africanos productos de la esclavitud… Prácticamente en toda la Costa, además de las lenguas indígenas, sobre todo se domina y habla el inglés, llamado también inglés criollo, por la mezcla en ocasiones de las diferentes lenguas. Mucha de la población también domina simultáneamente el español, pero su habla en toda la zona fue mucho más tardía. Puesto que la colonización española no llegó a desarrollarse y dominar como lo fue la zona del Pacífico, por lo que la Costa Caribe quedó al margen, quizá también por lo inaccesible de algunos de sus territorios y también por la fuerte resistencia de los pueblos originarios que la habitaban y lo siguen haciendo, ahora con un mayor mestizaje que entonces. El mismo que ha conformado la realidad multiétnica que se halla en la Costa.



Durante los últimos siglos de historia fueron los ingleses quienes pretendieron dominar la zona, llegando a ser un protectorado, reconociendo al rey Miskito y armando a su pueblo para controlar y dominar al mismo tiempo a las demás etnias coexistentes. No es hasta el último tercio del siglo XIX, cuando ya Nicaragua independiente reivindicó la soberanía de todo este territorio que se extiende por la costa atlántica de lo que es hoy el país. Llegando a tener una dominación militar y política, pero no tanto cultural. De ahí que se impusiera el aprendizaje del español. Ahora lengua cooficial tanto en la Región Autónoma Atlántica Norte como Sur, siendo la denominación y consideración diferente respecto al resto de departamentos del país.


Hablando de Miskitos… Pilar, Vanesa y un servidor, tuvimos una pequeña anécdota en nuestra visita a la Laguna de Perlas y algunas de sus comunidades indígenas miskitas vecinas. Cuando llegamos a una de ellas nos recibió muy amablemente un lugareño miskito, Wilson, quien nos acompañó por toda la comunidad, que Pilar ya conocía como a otra que fuimos después llamada Awa. Nos ofrecía desde ver monos hasta cocodrilos, sino comer en su casa un rondón (comida típica de la Costa). Al decirle que queríamos ir a la otra comunidad, él se ofreció gustosamente a acompañarnos. Ya en Awa, nos recibió Orlando con su familia, quienes nos ofrecieron quedarnos en su casa. Al tratarse ya de medio día aceptamos la invitación, así como unos cocos y finalmente el rondón. Al ver tanta insistencia, nuestra mentalidad y lógica del intercambio occidental nos hizo preguntarles si tenía un coste todo lo que nos habían ofrecido sin haberlo aclarado antes por su parte. Diciéndonos que sí, no siendo mucho, y preguntándoles si iban a medias tanto Wilson como Orlando.


Tanta fue su insistencia en que nos quedáramos que nos dijeron que esa misma tarde habría un juego de máscaras en la comunidad, siendo una danza típica propia. Al acabar de almorzar, Orlando nos dijo que no habría tal juego de máscaras, por el que también nos habíamos quedado allí. Ciertamente todo fue diferente a como nos había dicho. Pagándole lo justo desde lo que nos había ofrecido finalmente.

Pero no acabó todo ahí, Wilson quien nos había acompañado anteriormente hasta Awa, regresó nuevamente a por nosotros para acompañarnos a salir de allí. Algo para nosotros innecesario ya que conocíamos ya el camino, pero ante su insistencia dejamos que nos acompañara nuevamente. Sin saber que también su compañía tendría un coste aunque fuera mínimo, haciéndonos confundir entre amabilidad e interés lugareño. Al llegar al final de su comunidad le dijimos que ya podíamos llegar nosotros solos, a lo que nos pidió que cuánto le íbamos a dar por su compañía. Sorprendidos hablamos con él de nuestra percepción de cómo se había dado todo. Al mismo tiempo le aclaramos que le habíamos pagado a Orlando pensando en una parte para él. Algo en lo que él estaba inconforme, por lo que no dejaba de insistirnos. Tanto que fue a llamar al juez miskito para que ayudara a aclarar el malentendido. Wilson le argumentaba al juez, medio en miskito y en español, que no podía llegar donde Orlando ahora porque no le iba a retribuir su parte correspondiente. Siendo nosotros quiénes teníamos que aclararlo. Así que el juez tomó la decisión de acompañarnos hasta Laguna de Perlas para saber donde nos alojábamos, porque de no aclararse el conflicto vendrían Orlando y Wilson a buscarnos a la noche.  



Por poco casi nos vemos en un juicio miskito… por unos dólares de más. Menos mal que decidimos aclararlo allí mismo y pagarle algo más a Wilson, evitando otras repercusiones mayores que desconocemos cuáles podrían ser. Después nos contaron que los miskitos es la etnia más aguerrida de toda la Costa. Todo quedó ahí sin mayor importancia. Lo que son las diferencias ¿verdad? Habiendo sobrevivido a esta pequeña disputa miskita, continuamos con nuestro viaje. Compartiendo otros lugares, personas y alguna que otra aventura más en la Costa. Lo seguimos haciendo en la siguiente entrada de “La Quinta”, así que nos volvemos a encontrar pronto. Antes bien, como no podía ser de otra manera, nos despedimos con música. "Nada se quedó... en mi propio corazón... Un gigante que despierta... y ya nada detiene". ¡Qué coincidencia!