lunes, 7 de octubre de 2013

Confianza



Esta semana pasada he recibido la visita de Kety, ha sido una alegría para mí compartir directamente con ella, mi día a día en la semana que ha estado en Managua. Sobre todo porque Kety puede ahora compartir parte de la realidad en la que vivo desde hace 8 meses. La cual le ha encantado poder conocer las CEB y cómo ella también me decía antes de marcharse: “Conocer y vivir en la realidad así, te ayuda a tener los pies sobre el mundo”.

Dejándonos llevar por el acontecer de esta semana pasada, antes de encontrarnos en el aeropuerto, a su llegada, a ambos nos sucedió algo que ha sido toda una invitación…

Cuando salimos Jenny, su sobrina Carla y yo encaminados a retirar una de las camionetas de las CEB a la UCA, donde vive Arnaldo, empezó a caerse el cielo de Managua con un diluvio como hacía semanas que no lo hacía. Por lo que mojados y ya con la camioneta, nos dirigimos los tres camino hacia el aeropuerto como pudimos mientras el agua cada vez era más abundante en las calles de la ciudad.

A mitad de trayecto, al detenerme en el carril izquierdo para girar, nos dimos cuenta que era más adelante cuando había que hacer ese giro; por lo que debíamos cambiarnos nuevamente de carril para continuar hacia delante en el Boulevard Don Bosco. Al maniobrar suavemente, en esa intensa lluvia, fue entonces cuando sin querer ni sentirlo golpeamos ligeramente a un carro (coche) que estaba detrás y que no habíamos visto. Al que no se le encontraba señal de lo que decía su conductor. Aprovechó nuestra parada en el semáforo en el que nos encontrábamos para cruzarse impidiéndonos el paso. Viendo cómo se bajaba del mismo un hombre con su hijo gritándonos. Advirtiéndonos a que esperáramos a que llegara la policía. (Algo común cuando hay un problema de tráfico. No pudiendo moverse hasta que la policía hace un atestado).

A todo esto, no llevaba el permiso internacional de conducir, ya que me lo había dejado en el Proyecto. (Todavía pienso que dicho permiso es válido en Nicaragua, cuando España y Nicaragua no tienen firmado ningún convenio al respecto). Por lo que llevaba únicamente mi carné español. Nuestra preocupación era grande en un principio, al mismo tiempo que no encontrábamos en la camioneta los papeles del seguro, más si llegaba la policía. Por lo que nos tuvimos que rendir ante lo que nos sucedía con la gran incertidumbre de no saber que nos iba a pasar. Ya eran más de las 7.00pm, hora en la que llegaba Kety. Por lo que hasta después de estar esperando más de 20 minutos, y no llegar la policía, nuestros amigos del carro de enfrente se cansaron de esperar y nos dijeron que nos fuéramos. ¡Ufff! “¡Pablito, cuánto te quiere el flaquito que está ahí arriba!” me gritó Jenny mientras me abrazaba. Ya solo nos faltaba llegar a por Kety, aunque fuera tarde.

Ya cerca del aeropuerto fue cuando recibí la llamada de un número desconocido, ya que Kety no llevaba celular. Kety comentaba que no habían podido aterrizar por la tormenta y que habían desviado su vuelo a San Salvador, quedando a la espera. ¿Y ahorita de qué nos teníamos que preocupar?

Al llegar Kety a Managua, tres horas después, pudimos alegrarnos de encontrarnos  después de la tensión vivida por ambas partes: de no poder llegar, por mi parte, cómo preocuparse de comunicarse conmigo en tales circunstancias, por parte de Kety.

Ella estaba también muy preocupada por no saber al principio cómo saber comunicarse conmigo. Al comentar su problema con uno de los azafatos, inmediatamente su compañera de asiento, una mujer nica le prestó su celular para llamarme. Tanto o más, que al llamarme nuevamente y comentarme que si había problema se quedaría en un hotel. A lo que su compañera de viaje le dijo que ella le acogía en su casa al llegar.

En fin, ¿de qué preocuparnos? Sobre todo cuando parece que todo va ir mal… Parece que hay Alguien que nos quiere y nos cuida sin medida. Curiosamente dando respuesta a nuestras necesidades del modo en que muchas veces menos esperamos. ¿Verdad, Kety? ; )

6 comentarios:

  1. Hace tiempo que a estas "aventuras, casualidades, coincidencias..." las llamo "milagros cotidianos". Todo depende como se interpretan los acontecimientos, grandes o pequeños, de nuestra vida de cada día.
    Gracias -una vez más "Pablito"- por contarnos y hacernos vivir, semana a semana, tus milagros cotidianos (ya sin comillas), por hacernos partícipes de tu historia personal de salvación. Y encima con esa sencillez y profundidad que me dejan encantado.
    “¡Pablito, cuánto te quiere el flaquito que está ahí arriba!”
    Un abrazo grande.

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    1. Gracias, Javier, como siempre por tus palabras. Ojalá todos los días tuviéramos los ojos y la claridad para darnos cuenta de tantos milagros cotidianos, de estar abiertos para los regalos que Dios nos hace. Aquí seguiré compartiendo, en la medida de mis posibilidades. Gracias por tu cariño, Pablo

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  2. Don Pablo gracias por hacernos pensar con tu vida, y es verdad el flaquito que esta ahí arriba nos quiere pero un monto.
    Yo viviendo también un comienzo de curso apasionante, lleno de expectativas... y es que el flaquito nos quiere.
    Un abrazo rezo por ti

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    1. Me alegro mucho por ti también, Paco. Por la ilusión que tienes, que la puedas seguir manteniendo para disfrutar de la vida con pasión, de parte del Flaquito. Gracias por tu oración, se nota. Saludame a tu hermano y a Jordi. Otro abrazo grande. Pablo

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    2. Gracias por esos saludos jejejeje.

      Una historia curiosa... pero como decía Don Bosco... bendita providencia jejejeje

      un fuerte abrazo!!!!

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  3. Hola Pablo que Historia tan hermosa, gracias Pablo, amigo, por compartir desde el corazón,el inmenso amor que Dios te tiene.... Por sierto saludes a Kety, talves se recuuerde de mi....
    Dios te siga colmando de muchas bendiciones....

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